Al cumplir 45 años la Torre Entel abrirá sus puertas por primera vez para el Día del Patrimonio

Cuatro años tardaron en encumbrar la Torre hasta el cielo. Casi 128 metros de altura, más otros 18 enterrados en el suelo, una estructura capaz de soportar terremotos sobre los 8 grados Mercalli sin rasguños. La prensa de 1967 decía que Entel estaba empeñada en levantar una construcción de más de cien metros de altura en pleno centro para desarrollar el Centro Nacional de Telecomunicaciones. Y por más de dos décadas, fue el edificio más alto de Chile.

Siendo un punto de referencia para los santiaguinos, la Torre Entel con los años se ha convertido en parte de nuestra historia e identidad como chilenos. Por eso este 25 y 26 de mayo, se sumará a los más de 1.690 lugares en el país que abrirán sus puertas para el Día del Patrimonio Cultural, y por primera vez, un número limitado de personas podrán conocerla por dentro y acceder a su mirador en el piso 22.

Había que erigir la Torre Eiffel chilena, fue el desafío que los ejecutivos de la empresa le plantearon a las oficinas de arquitectura. Y es que si se consideran las condiciones técnicas y los avances con los que se contaba en la época, el proyecto de levantar la estructura fue sin duda uno de los mayores desafíos para la ingeniería y la arquitectura chilenas.

Lo que determinó su construcción fue el hecho de que las antenas del Edificio España ya no podían cumplir con los requisitos técnicos. Y en ese entonces, la compañía contaba con una red de microondas hacia el norte y otra hacia el sur, las que debían quedar conectadas. Pero mientras la red hacia el norte partía en el cerro El Roble, que desde Santiago sólo se veía desde el cerro San Cristóbal, la primera estación hacia el sur estaba en el cerro 886, cerca de San Fernando. La Torre Entel tenía que ver simultáneamente a estos dos puntos.

Los arquitectos, que no sabían nada de telecomunicaciones, debieron viajar por Europa para conocer modelos sobre los cuales aferrarse; mientras que la primera empresa a cargo de los trabajos no pudo continuar, debido a que fue incapaz de resolver los problemas de las terminaciones de hormigón a la vista a las caras del fuste, una de las tres secciones que componen este proyecto junto con la fundación y el antenófano.

“La Torre tenía que ser bastante alta. La hicieron con un sistema de fraguado continuo, que no iba por pedazos en paneles, sino subiendo y solidificando el cemento. El fuste inmenso estaba lleno de salas de comunicaciones. Adentro y arriba estaban las antenas. Había mucho peligro de contacto de tierra. Era necesario tener un muy buen contacto para que no se produjeran realimentaciones de las señales. El ingeniero César Gaete diseñó todas las jaulas de aislamiento electromagnético de los equipos que estaban adentro de las salas de telecomunicaciones, lo que cumplió un rol bastante importante hasta que llegó la fibra óptica”, dice Henry Williams, gerente de Red Básica en la compañía hasta 2002.

Con la llegada de la fibra óptica, la Torre fue paulatinamente dejando las conexiones por microondas –el servicio original por la que fue levantada– y se fue convirtiendo en un edificio institucional.

Fuente: Memoria Entel 2018.