#INFÓRMATE: El cambio climático, una amenaza a la seguridad alimentaria

Si consideramos que una tercera parte de los alimentos producidos se echa a perder o se desperdicia, su reducción supondría una disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudaría a mejorar la seguridad alimentaria.



El aumento de las temperaturas, los cambios en los patrones de precipitación y la mayor frecuencia de algunos eventos extremos como consecuencia del cambio climático en el mundo, están poniendo en peligro la seguridad alimentaria, es decir, el hecho de todas las personas en todo momento tengan acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos que cumplan con sus necesidades y preferencias alimentarias para una vida activa y saludable. 

Y es que los efectos del cambio climático están afectando los cuatro pilares de la seguridad alimentaria, según afirma el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en la medida que impacta en la disponibilidad de alimentos, a través de su efecto en el rendimiento y producción; el acceso a estos, que implica la capacidad de obtener alimentos y comprarlos a precios asequibles; su utilización, o la composición de sus nutrientes, su preparación y el estado general de salud; y la estabilidad alimentaria, de modo que su disponibilidad sea constante y no se vea interrumpida por eventos extremos. 

Además de afectar la productividad agrícola y la reducción del rendimiento de algunos cultivos, los gases podrían alterar la calidad de los alimentos, ya que el mismo CO2 que se acumula en nuestra atmósfera gracias a los combustibles fósiles está cambiando la composición de las frutas y verduras que comemos, haciéndolas menos nutritivas. El CO2 extra acelera la fotosíntesis y hace que las plantas crezcan con más azúcar y menos calcio, proteínas, zinc y vitaminas importantes.

Otra forma en que el cambio climático afecta los alimentos es a través del aumento de plagas y enfermedades. Los cambios en la disponibilidad de alimentos a su vez podrían tener un impacto en el acceso, la estabilidad, y cambios en los precios de los alimentos. Los precios más altos de los alimentos amenazan particularmente a los sectores más vulnerables, e incrementarían los problemas de obesidad y otras enfermedades relacionadas.

La instauración de un enfoque global en el que prime la sostenibilidad, unido a la adopción de medidas tempranas, es la mejor combinación para afrontar el cambio climático. Ello debería ir acompañado de un crecimiento demográfico reducido y una disminución de las desigualdades, así como de una mejor nutrición y un menor desperdicio de alimentos.

¿Cómo podemos nosotros hacer un cambio y reducir el desperdicio de alimentos? Producimos casi el doble de la comida necesaria para alimentar a la población mundial y, sin embargo, casi 800 millones de personas pasan hambre. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cada año 1.300 millones de toneladas de comida acaban en la basura, es decir, un tercio de la producción total. Para disminuir esas cifras de desperdicio de alimentos, los consumidores pueden:

  • Promover políticas públicas que garanticen el acceso de alimentos a los más necesitados.
  • Ordenar en los restaurantes o comprar en los supermercados solo los alimentos que se van a consumir.
  • Comprar frutas y verduras irregulares, estas tienen las mismas propiedades solo que tienen una apariencia diferente.
  • Donar el excedente de alimentos a alguien que los pueda aprovechar.
  • Consumir los alimentos antes de la fecha de vencimiento.
  • Utilizar algunos desperdicios de alimentos como compost para abonar suelos.

Con estos pequeños pasos no sólo evitamos el desperdicio de alimentos sino que aportamos a la erradicación del hambre y contribuiremos entre todos a la sostenibilidad de la actividad agrícola y a una producción futura más sostenible.

¿Cómo afectará el cambio climático en los platos tradicionales del mundo?

Hamburguesas, Estados Unidos.

La hamburguesa se considera una comida clásica estadounidense, siendo este país el mayor productor mundial de carne de res. El cambio climático está generando olas de calor en Estados Unidos más severas, lo que indudablemente afectará el ganado. Las vacas son particularmente sensibles al calor ya que no pueden sudar y dependen de la respiración para refrescarse. Es así como la ola de calor de 2011 provocó la muerte de más de 4.000 bovinos solo en el estado de Iowa. Las altas temperaturas también pueden debilitar el sistema inmunológico del ganado, dejándolos más susceptibles a enfermedades. Las vacas hembras también pasan más tiempo buscando sombra cuando hace calor, lo que significa que tienen menos probabilidades de quedar embarazadas y producir crías. Finalmente, el cambio climático también podría afectar la disponibilidad de los pastos de los que se alimenta el ganado. 

Fish and Chips, Reino Unido

Uno de los platos más conocidos del Reino Unido es el pescado con papas fritas, tradicionalmente hecho con bacalao, que obtiene de las aguas circundantes, incluidos los mares del Norte e Irlanda. Pero el número de bacalao en esa zona están en niveles críticos debido a la sobrepesca sostenida, y el cambio climático podría agravarlos, ya que se ha descubierto que cada grado adicional de calentamiento de los océanos, podría hacer que la cantidad de bacalao que se puede capturar de manera sostenible en los mares del Norte e Irlanda caiga en un 0,44 y un 0,54%, respectivamente. Y precisamente el Mar del Norte se está calentando dos veces más rápido que el promedio de los océanos del mundo, aumentando 1.67º C en los últimos 45 años, mientras el Mar de Irlanda ha visto un aumento de alrededor de 1º C en los últimos 40 años. 

El otro ingrediente clave de la comida, las papas fritas, también podría enfrentar amenazas significativas por el cambio climático, y el 80% de las papas que se comen en el país se cultivan en el Reino Unido. De hecho la ola de calor extrema del verano pasado jugó un papel en la disminución del 20 a 25% en el rendimiento de la papa en algunas áreas, ya que las condiciones cálidas y secas dañaron los cultivos. Y se estima que el aumento de las temperatura y los cambios en las precipitaciones podrían hacer que la tierra adecuada para la producción de papa en el Reino Unido disminuya en un 74% para 2050.

Sushi, Japón

El sushi, uno de los alimentos tradicionales más conocidos de Japón, se compone de una combinación de arroz blanco de grano corto japonés, y otros ingredientes como pescado crudo y verduras. Japón es el noveno productor mundial de arroz, el que se cultiva en todo el país en una sección inundada de tierra cultivable, ya que es una planta semiacuática. El aumento de las temperaturas podría ser favorables para algunas regiones, en otras en cambio, se estima una disminución de hasta un 10%. Algunas variedades japonesas de arroz podrían ver mayores rendimientos a medida que aumentan los niveles de CO2. Esto ocurre porque con más CO2 en la atmósfera, las plantas realizan la fotosíntesis a un ritmo más rápido y, por lo tanto, crecen más rápidamente. Pero el aumento de los niveles de CO2 también puede hacer que el cultivo se vuelva menos nutritivo. Algunos experimentos han demostrado que los cultivos de arroz expuestos a altos niveles de CO2 producen menos hierro, proteínas y zinc.

Si el calentamiento global se vuelve extremadamente alto, es probable que también disminuyan las poblaciones de atún blanco al sur de Japón, ya que que casi todas las especies se desplazarán hacia los polos a medida que el océano se calienta. 

Pasta, Italia

Uno de los platos más emblemáticos de Italia es la pasta, que se hace tradicionalmente de trigo duro. La mayor parte de la producción de trigo duro se realiza en el sur de Italia. Los cultivos generalmente se plantan en octubre o noviembre y se cosechan a principios de julio del año siguiente. Ello hace que los cultivos sean particularmente vulnerables a las olas de calor ‘tempranas’ en los meses de mayo y junio. Un clima cálido daña los rendimientos de los cultivos al acelerar el ciclo de desarrollo de la planta, lo que deja menos tiempo para la formación del grano. Las temperaturas extremadamente altas podrían inducir una gran variedad de perturbaciones a los procesos normales de la planta, lo que, si se mantiene, podría provocar una pérdida de rendimiento casi total. En el futuro, el cambio climático podría aumentar el riesgo de sequía en Italia, y el sur de Italia enfrenta riesgos particularmente altos.

Gallo Pinto, Costa Rica

Una comida tradicional en Costa Rica y otros países de América Central es el Gallo Pinto, que tiene una base de arroz y frijoles negros. Más de la mitad del suministro de arroz del país proviene de la producción nacional, el resto proviene de las importaciones, principalmente de países de América del Sur. En octubre de 2017, Costa Rica se enfrentó a su ciclón más costoso de la historia, cuando la tormenta tropical Nate causó estragos en todo el país. Algunas áreas plantadas con caña de azúcar y arroz se inundaron por completo. El cambio climático podría causar que los cultivos de arroz de pequeños productores en Centroamérica disminuyan en un 15 a 25% para 2050.

El otro ingrediente principal de Gallo Pinto, los frijoles negros, se cultivan en Costa Rica aunque también se importan de la vecina Nicaragua, China y Estados Unidos. Sin embargo, el país sufre frecuentemente de escasez de frijoles negros como resultado del fenómeno natural El Niño, pero en el futuro se estima que el número de eventos “extremos” de El Niño podría duplicarse en frecuencia si el calentamiento global alcanza 1.5 C por encima de los niveles preindustriales, que es el límite de temperatura establecido por los países bajo el Acuerdo de París.

*Fuente: Carbon Brief