#INFÓRMATE: El declive de la naturaleza tiene a mil especies en peligro de extinción

Las extinciones de especies, la disminución de la vida silvestre, la pérdida de hábitat y el agotamiento de los ecosistemas impactan nuestro sustento y desarrollo económico. 



La naturaleza está disminuyendo en el mundo a tasas sin precedentes y la extinción de especies se acelera cada vez más. Tres cuartas partes del medio ambiente terrestre y alrededor del 66% del medio ambiente marino se han alterado considerablemente, poniendo en riesgo alrededor de un millón de especies de animales y vegetales que están actualmente en peligro de extinción. 

El cambio climático generado por los seres humanos es uno de los principales contribuyentes de las alteraciones en los ecosistemas, constata el Informe Global IPBES, que recoge la evidencia proporcionada por 400 expertos de 50 países. El documento aclara que el cambio climático es un factor clave y una creciente amenaza para la degradación de la biodiversidad, y que de aumentar la temperatura global a más de 1.5 grados centígrados, tendrá consecuencias catastróficas en la delicada red de la vida, de la que dependen la naturaleza y las personas.

La biodiversidad  se ve alterada como por el cambio en el uso de suelo y mar, la explotación de los organismos, el cambio climático, contaminación y especies exóticas invasoras, cuya importancia varía de una región a otra. En el caso de Sudamérica, por ejemplo, uno de los factores predominantes ha sido el cambio en el uso del suelo, que han venido a reemplazar los ecosistemas naturales por actividades económicamente más ‘rentables’, como la agricultura, las plantaciones forestales, la minería y la ganadería.

Pero el creciente declive de la biodiversidad reduce, a su vez, las contribuciones de la naturaleza a las personas, lo que se denomina como “servicios ecosistémicos”. Esto incluye desde el acceso al agua, seguridad alimentaria, hasta otros elementos indirectos como la pérdida de diversidad cultural de las comunidades asociadas a un territorio. Sin duda, los más afectados son las personas con menos recursos, quienes verán más deteriorada su calidad de vida y sus posibilidades de subsistencia más complicadas. Esto aumentará y agudizará en los conflictos socioambientales en el futuro, ante el aumento del valor de los ecosistemas naturales, que serán cada vez más escasos. 

Sin embargo, es la misma naturaleza que está sufriendo el cambio climático, nuestro aliado para combatirlo: la restauración de ecosistemas degradados, la gestión de áreas protegidas y la infraestructura verde han demostrado una gran efectividad y beneficios adicionales para el desarrollo sostenible. Mantener la biodiversidad es también mantener las opciones para la adaptación al cambio climático. Los bosques, los océanos y los humedales han demostrado científicamente su enorme capacidad de absorber y retener el dióxido de carbono que está aumentando la temperatura del planeta.

La pérdida de la biodiversidad

  • Las tres cuartas partes del medio ambiente terrestre y alrededor del 66% del medio marino han sido modificadas significativamente por la acción humana. En promedio, estas tendencias han sido menos severas o se han evitado en áreas de propiedad o manejo de los pueblos indígenas y comunidades locales.
  • Más de un tercio de la superficie terrestre del mundo y casi el 75% de los recursos de agua dulce están destinados ahora para la producción agrícola o ganadera.
  • El valor de la producción agrícola ha aumentado en aproximadamente un 300% desde 1970, la cosecha de madera en bruto ha aumentado en un 45% y aproximadamente 60 mil millones de toneladas de recursos renovables y no renovables ahora se extraen a nivel mundial cada año, casi el doble desde 1980.
  • La degradación de la tierra ha reducido la productividad del 23% de la superficie terrestre global. Actualmente 577 mil millones de dólares, en cultivos anuales están en riesgo por la pérdida de polinizadores.
  • Debido a la pérdida de hábitats costeros y protección, entre 100 y 300 millones de personas tienen un mayor riesgo de inundaciones y huracanes.
  • En 2015, el 33% de las poblaciones de peces marinos se explotaron en niveles insostenibles; el 60% se encontraba en el nivel máximo de pesca sostenible y solo el 7% a un nivel inferior al estimado para ser sostenible.
  • Las áreas urbanas se han más que duplicado desde 1992.
  • La contaminación plástica se ha multiplicado por diez desde 1980; alrededor de 300-400 millones de toneladas de metales pesados, solventes, lodos tóxicos y otros desechos de sitios industriales se descargan en las aguas del mundo cada año, y los fertilizantes que llegan a los ecosistemas costeros han producido más de 400 “zonas muertas” en los océanos, que representan aproximadamente 245,000 km2, un área total más grande que el Reino Unido.
  • Las tendencias negativas en la naturaleza continuarán hasta 2050 y más allá, en todos los escenarios de políticas explorados en el informe, excepto en aquellos que proponen un cambio transformador, debido al impacto del aumento del cambio. Uso de la tierra, la explotación de ciertos organismos y el cambio climático, pero con diferencias significativas por región.

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El guacamayo azul

Esta ave azul que aparecía en la película animada “Río” se extinguió en su hábitat natural en el año 2000. Esta especie endémica de Brasil se extinguió en su forma salvaje a causa de la deforestación en su entorno y la cacería masiva para ser comerciadas como aves exóticas por su peculiar belleza, según reveló en un estudio la organización Bird Life en septiembre de 2018. Aunque la especie está extinta en la naturaleza, aún existen unos pocos ejemplares que sobreviven en cautiverio.

La tortuga gigante de Pinta

El último ejemplar de esta especie vivía en las islas Galápagos, en Ecuador, se le conocía como el Solitario George y falleció el 24 de junio de 2012. Tenía más de 100 años. 

La población de esta especie de tortuga disminuyó hasta llegar a su extinción a causa de la desmedida cacería para comer su carne y comerciar su caparazón.

Durante la época de los piratas del siglo XVIII, se descubrió que las tortugas podían sobrevivir en la bodega de un barco por muchos meses, sin comida o agua. Por esta razón, los navegantes, especialmente balleneros que frecuentaban las aguas de Galápagos en el siglo XIX, empezaron a extraer grandes cantidades de tortugas vivas y almacenarlas en el fondo de sus barcos como una fuente de carne fresca durante sus largos viajes, informó Linda J. Cayot, miembro de la organización Galapagos Conservancy, dedicada a preservar la vida del Solitario George.

Tras la muerte de este ejemplar, un equipo internacional de científicos secuenció su genoma completo y descubrió que poseía variantes relacionadas con la reparación del ADN, respuesta inmunológica y supresión de células cancerígenas, que podrían ayudar en el estudio de la longevidad en los humanos.

El sapo dorado

Para su reproducción requería cierto nivel de humedad, pero los cambios climáticos en su hábitat alteraron el ecosistema y no se reprodujeron nunca más. Habitaban en las charcas del bosque nuboso Monteverde en Costa Rica. Estas charcas se secaron debido a un cambio drástico en la temperatura de la zona que evitó que se formara la neblina que las protegía, de acuerdo con el Centro Científico Tropical (CCT) de Costa Rica.

La última vez que se vio este anfibio fue en 1989. En 2008, el CCT hizo una expedición a los bosques para buscar algún sobreviviente y declaró que no hallaron ningún ejemplar, por lo que ya se declara extinto.

La foca monje del Caribe

Este mamífero marino que solía nadar por las corrientes del Golfo de México fue declarado extinto en 2008. La industria pesquera se beneficiaba de la venta de la piel y grasa de esta foca, y la Administración Nacional Atmosférica Oceánica (NOAA por sus siglas en inglés) señaló que su desaparición se debió a causas humanas.